martes, 24 de marzo de 2015

La Habitación del Barrio Pesquero

En el barrio pesquero hay un edificio. En el edificio hay una habitación. Nadie sabe exactamente cuál es el edificio. Menos aún saben cómo entrar en la habitación. Por lo que se rumorea, no tiene puertas ni ventanas. Según se comenta en ciertos rincones de la ciudad, la única forma de entrar en la habitación del edificio del barrio pesquero es desde dentro. En cualquier caso, una vez que consigues entrar te sientas en una de las dos sillas disponibles, al otro lado de una pequeña mesa de madera podrida, frente a la otra silla. Esperas ahí sentado durante unos minutos y alguien más termina por entrar. Algunos dicen que es un esqueleto viviente y otros que un gigante encapuchado. Sea quien sea, se sienta ante ti y te mira fijamente a los ojos. Tú le enseñas la fotografía de la persona en cuestión y él (ello) la estudia. Luego se va sin decir palabra y te deja a solas en la habitación. Pasados unos cuantos minutos más, la persona de la fotografía se materializa en la silla vacía, normalmente desnuda, a veces en ropa interior o en pijama. A partir de ese momento puedes despacharte a gusto. Puedes escoger cualquier arma de las que descansan sobre la mesa de madera sin temor a ser descubierto. Puedes tirarte todo el tiempo que quieras. Sólo cuando manifiestes en voz alta que has terminado podrás abandonar la habitación. La Habitación del Barrio Pesquero funciona así. Nadie sabe por qué existe, nadie sabe quién es ese esqueleto (o gigante encapuchado) que a veces se queda a espiarte desde las sombras mientras haces lo que tienes que hacer. Algunos dicen que es la primera víctima de la Habitación, pero eso sólo él lo sabe y, que se sepa, sólo ha hablado una vez en la vida.  

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